«Ajustando la mirada» por Carla Budó. Educadora Social especializada en Salud Mental del CFP Maresme

«Ajustando la mirada» por Carla Budó. Educadora Social especializada en Salud Mental del CFP Maresme

«Ajustando la mirada» pretende reflexionar sobre la relación entre la salud mental y la vida social de las personas y cómo de enlazados se encuentran estos dos conceptos en el imaginario de las personas que conviven con una problemática de salud mental.

Resulta de un estudio de campo y las reflexiones que se derivan de él. Concretamente, de una encuesta anónima a personas usuarias de recursos de salud mental y de las sesiones de debate realizadas en los dos Servicios de Rehabilitación de la entidad.

Os exponemos las reflexiones más relevantes extraídas de este estudio:

La pastilla como panacea

La relación asistencial a menudo se centra en la adherencia a un tratamiento farmacológico y, si se tiene suerte, en la vinculación a un recurso de la Red de Salud Mental. El paciente tiene poca autonomía en su propio tratamiento y en la relación asistencial y queda relegado a una posición de objeto que se nutre únicamente de los saberes técnicos que aportan los profesionales. Esto tiene efectos devastadores en las personas que sufren una problemática de salud mental pues esta atención «hace agujero» en su propia percepción.

Seguro que la medicación es importante, en ningún momento se pretende desautorizarla, pero ¿Es la única solución posible a la problemática derivada de tener un trastorno mental? La gran mayoría de los informantes coinciden en la importancia de tener espacios donde expresarse. Reconocían la utilidad de la medicación pero eran conscientes que, por sí sola, era insuficiente. De aquí deducimos la importancia de tener alguien a quién apoyarse.

Entre muros. Excesiva institucionalización de las personas usuarias de los recursos

En la reforma psiquiátrica se consiguió acabar con el confinamiento de los enfermos mentales en los manicomios pero este parece haberse desplazado hacia la cartera de servicios destinada a atenderlos.

Es necesario establecer más diálogo y menos protocolos.  La vida da un giro radical a partir del momento en qué llega el diagnóstico, pero ¿tiene que ser así?

Es revelador ver como a mucho más del 50% de los encuestados no se los informó de cómo cambiaría su vida después del diagnóstico. Esto deja patente la necesidad de humanizar las prácticas en Salud Mental y descentralizarlas de los saberes técnicos hegemónicos. El profesional tiene que mantenerse con humanidad y ética. Las personas valoramos más la sinceridad y la proximidad, que los conocimientos intelectuales.

 

Activar la mirada social

Para muchos de los informantes la asistencia al recurso es la única rutina diaria que implica el mantenimiento del lazo social. Esto nos indica que muchas personas además de sufrir un trastorno, sufren de soledad.

Y, en algunas, la soledad es el eje vertebrador de la dimensión subjetiva de su sufrimiento. Cuando se les preguntó qué era lo más importante en sus vidas, todo el mundo mencionó las personas que quieren. Por lo tanto, la estabilidad personal proviene del sostenimiento que los otros representan para uno mismo, cosa que pone en evidencia la calidad de vida que tienes y la calidad de éstos.

Cuando entra en juego un problema de salud mental, se inician también las dificultades en el ámbito social, Se ponen en juego fuentes de sufrimiento como el estigma o la exclusión social. Es revelador ver como, en la mayoría de los casos, la aflicción no emerge como consecuencia propia del trastorno, sino que deviene de las interacciones sociales y en cómo estas afectan al individuo.

Observando la opinión del colectivo queda patente la necesidad de tener presente todo lo que expresan porque de esto se desprende la dimensión subjetiva, en este caso, de la enfermedad mental. Sabemos qué les preocupa y qué les da calidad de vida. Por lo tanto, no es descabellado organizar los servicios en base a esto, poniendo a primera línea la narrativa subjetiva hacia el sufrimiento, para  generar no solamente salud sino un conocimiento propio del colectivo que articule la mirada y las prácticas entorno la salud mental.

 

Este estudio refleja que la salud va más allá del plano físico. Requiere el abordaje de otras demandas que tenemos desatendidas como la posiblidad de ser concebidos desde otro lugar/identidad ligada a la condición de pacientes o enfermos o la demanda narrativa hacia el sufrimiento, lo que el «mundo hace con ellos» y no tanto lo que «ellos hacen con el mundo». Hacer esto significa trabajar por un cambio de paradigma centrado en la creación de redes alternativas de recursos que tengan en cuenta la vivencia subjetiva de las personas. 

 

Podéis leer el artículo completo en el siguiente enlace.