La infancia des-protegida, Por Salvador Arévalo, Director del CRAE

La infancia des-protegida, Por Salvador Arévalo, Director del CRAE

La des-protección del sistema

El descenso del entramado social en relación a las normas, las leyes i la aplicación de la justicia conlleva una caída respecto los valores éticos y morales. EL estado de la posmodernidad se erige por un discurso asistencialista, dejando en el mercado la regulación de las relaciones sociales, políticas y económicas, sin incluir la garantía simbólica, ni la función de protección. 

Las relaciones se definen como a juegos de poder, en lugar de leyes tenemos reglas. Esta es la parte perversa del modelo neoliberal, quién determina las leyes es quién tiene más poder.

La convalidación de las políticas neoliberales para la infancia ha supuesto una nueva forma de des-protección. Antes la infancia era el futuro, ahora ha pasado a ser una escasa partida de futuro pues, la infancia no produce pero sí genera gastos y, además, no tiene derecho a voto.

Los recursos públicos se orientan a favorecer las empresas privadas, lejos de orientarse a favorecer el sector público representado por la mayoría de la sociedad.

La pandemia del coronavirus ha evidenciado las carencias del sistema y la decadencia del estado del bienestar. La austeridad del gasto público social ha derivado en un empobrecimiento del sector público y en un aumento de la des-protección de las clases sociales más vulnerables.

El alzamiento popular que exige cambios requiere de un liderazgo firme y constante, que tendría que velar para dar prioridad al bienestar común ante cualquier interés particular.

La crisis de la Covid-19 ha agravado la desigualdad ya existente produciendo grandes impactos en los sectores menos favorecidos de la sociedad y  perpetuando la pobreza y la exclusión social de unos cuantos.

 

Los infantes y jóvenes, unos de los colectivos que más están sufriendo la crisis

Los infantes y jóvenes son de los colectivos más afectados por la situación actual. Muestra de esto es que la tasa de riesgo de pobreza infant en Cataluña el año 2018 se situaba en el  24,6% segúno Idescat. Y la de paro, entre la población de 16 a 24 años, en el 28,3% durante el primer trimestre del 2020.

Asimismo, la situación de antes de la Covid-19 nos muestra que en Cataluña hay 15.779 infantes en situación de riesgo (leve o moderado) y, en seguimiento por S.S., hay 6.671 con expediente de riesgo grave, significando que en Cataluña 22.450 infantes y adolescentes se encuentran en una situación de riesgo de des-protección.

Es necesario destacar que 8.596 infantes y adolescentes restan protegidos bajo la tutela de laDGAIA, el 56% de estos están acogidos en centros residenciales y, el 43%, en familia extensa y/o aliena. Sin embargo, no podemos obviar el impacto que ha tenido en el sistema de protección la llegada de jóvenes migrantes solos menores de edad.

Es relevante poner de manifiesto estos datos, puesto que el impacto de la pandemia ampliará de forma notoria las desigualdades de los infantes y adolescentes, a la vez que, la falta en el ejercicio de sus derechos y deberes.

¿Cómo podemos ayudar desde las instituciones a revertir este sentimiento de fractura y des- protección?

Fortaleciendo los derechos y los deberes de los infantes

Como ya planteaba Freud (Malestar de la cultura, 1929), el bienestar es un ideal y, el malestar, una cuestión de estructura que se expresa mediante formas cambiantes en cada momento histórico.

La época que vivimos determina la demanda que reciben las instituciones y el encargo de los profesionales que trabajamos.

Las «problemáticas sociales», como llama Hebe Tizio, son las formas actuales del malestar y dan muestra de la perturbación del orden social. Es decir, hablar de problemática social es referirse a una categoría de control social.

Los centros de protección nacieron y crecieron como respuesta a políticas higienistas que pretendían separar a la infancia de aquello que constituía algo inmoral e indeseable.

 

El CRAE Mas Sant Jordi: atención a los infantes, huyendo de una educación moralizante, asistencial y de control

El CRAE Mas Sant Jordi, arrancó su actividad hace 40 años. El centro siempre ha estado vinculado a la associación CFP Maresme referente en la comarca en la atención de personas con una problemática de salud mental, infantes, jóvenes y familias. El CRAE atiende a 20 infantes tutelados por la DGAIA con edades comprendidas entre los 4 y los 15 años.

Nuestro modelo de trabajo contempla el encargo administrativo en tanto que cubrimos las necesidades más básicas de los infantes atendidos (higiene, comida, alojamiento, salud, etc.), pero huyendo de una educación moralizante, asistencial y de control. 

No hay educación sin la función instructiva, es decir, sin que algo de los patrimonios culturales se ponga en juego, se distribuya y se afilie simbólicamente a todos y cada uno de los sujetos de la educación. Este es un punto importante para el equipo educativo: los infantes del CRAE se tienen que presentar enigmáticos a ojos de los profesionales, para que el infante, fuera de etiquetas y estereotipos, se vincule en un marco de oferta y deseo proporcionado para el adulto de referencia.

El o la educador/a tutor/a actúa como a figura referencial durante toda la estancia del infante en el centro, apelando a su responsabilidad. El sujeto tiene que ser responsable de sus actos y de sus elecciones.

 

El límite es el que nos permitirá la posibilidad de educar, nos ordena, nos permite no perdernos y saber que no todo es educable. También nos ayuda a no confundir el proyecto profesional con el personal.

Desde nuestro contexto podemos garantizar que los infantes y adolescentes puedan ejercer sus derechos y deberes sin caer en una educación que los victimice, pues no daríamos pie a la particularidad o, mejor dicho, a la subjetividad.

En el CRAE Mataró intentamos ofrecer a los infantes y  adolescentes espacios de comunicación adecuados a sus necesidades y capacidades, favoreciendo el reconocimiento social que se merecen como ciudadanos con plenitud de derechos. Articulamos nuestros conocimientos para posibilitar que sean protagonistas, a la vez que responsables y críticos, de su proceso educativo.

Esto es factible gracias a la relación de confianza que establece el educador o la educadora con el infante/adolescente, que permite el trabajo educativo y personalizado.

 

Un trabajo que es posible gracias a una red bien tejida de agentes de la educación que velan por no caer en las trampas del sistema actual. Es por este motivo que hoy, día de los derechos Universales de la Infancia, mi reconocimiento va dirigido a todos los profesionales que trabajan para garantizar los derechos y deberos de nuestros infantes y adolescentes.